Los despidos y contratación de profesionales en el área de computación e informática están dando de qué hablar, luego de un hecho que no pasó desapercibido en Estados Unidos, específicamente con la empresa Meta, la cual prescindió de cerca del 10% de sus colaboradores, encendiendo una señal de alerta para las universidades de otros países. Según datos de la Reserva Federal de St. Louis, las profesiones ligadas a la informática y las matemáticas se encuentran entre las más expuestas a la inteligencia artificial, con una puntuación cercana al 80%, lo que habría contribuido a algunos de los mayores aumentos de desempleo registrados en ese país entre 2022 y 2025.
En Chile, sin embargo, el panorama es distinto: de acuerdo con el Observatorio del Contexto Económico (Ocec) de la UDP, el desempleo de profesionales con educación universitaria completa en el sector de Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) llegó a 5,7% en el primer trimestre del año, por debajo del 8,9% de desempleo nacional registrado en el mismo período.
Pese a estas cifras favorables, los centros de educación superior no esperaron a que el fenómeno llegara para reaccionar: ya comenzaron a rediseñar sus mallas curriculares para incorporar la IA como herramienta digital.
La mirada de Marcelo Mendoza: lo que marcará la diferencia y distinción entre nuestros profesionales en áreas de computación e IA serán sus decisiones éticas y cómo ocupan estas nuevas herramientas.
Marcelo Mendoza, académico del Departamento de Ciencia de la Computación de la Pontificia Universidad Católica de Chile (DCC UC) e investigador CENIA & IMFD, entrega una lectura optimista sobre la empleabilidad de los egresados del departamento: “Nuestros egresados siguen encontrando trabajo”, asegura.
Para Mendoza, lo que está ocurriendo no es una desaparición de oportunidades, sino un cambio en el tipo de perfil que buscan las empresas:
“Lo que hemos observado es un desplazamiento en el interés por contratar programadores. Este interés ahora está en contratar ingenieros en machine learning, es decir, profesionales que tengan un conocimiento técnico profundo de la IA que les permita incorporarla en los procesos de producción”.
Mendoza es enfático en señalar cuáles son los límites actuales de la IA generativa: “Lo que la IA generativa no ha logrado hacer es interactuar con el cliente”. En esa línea, sostiene que la mayor parte del trabajo de un egresado o egresada del DCC ya no es sólo programación, sino labores de mayor complejidad: ingeniería de software, ingeniería de datos y, particularmente, la especificación de requerimientos, el testeo de programas y todos los aspectos relacionados con los efectos societales de la IA, como la medición y mitigación de sesgos, “entre otros aspectos sociotécnicos cruciales”. En esos ámbitos específicos, agrega, no es evidente que la IA generativa esté generando reemplazo laboral.
A continuación, se encuentra disponible la nota emitida por El Mercurio

